jueves, 26 de noviembre de 2015

Koh Tao, la isla del buceo

Hago la mochila, la deshago, la vuelvo a hacer...uff que pereza. Menos mal que al llegar a cada destino se nos olvida.
Koh Tao era nuestra última isla antes de adentrarnos en el interior de Tailandia y creemos que fue la mejor elección para despedirnos de la playa. Una isla mundialmente conocida como una de las Mecas del buceo, donde hacer un bautismo o sacarte el Open Water, a un más que módico precio. Muchos extranjeros han cambiado sus vidas y han decidido quedarse aquí a vivir, montarse su escuela y cumplir los sueños de muchos. Como no, los españoles también lo hacen, como es el caso del dueño de Pura Vida, un centro de buceo donde sacarte el susodicho curso en español.
Entonces nos enfrentamos a un importante dilema, teníamos ganas de bucear pero no tiempo ni dinero para sacarnos el curso, así que pensamos en la opción de hacer un simple bautismo, pero todo se complicó. Miguel llevaba días con dolor de oído y resultó ser una infección, nos recomendaron que no era bueno bucear, así que optamos por nuestro querido snorkel (eso sí con unos buenos tapones y mucho cuidado), y así ver pececillos.
Se de una a la que le hubiera encantado esta isla, y que me hubiera sacado el curso de buzo, pero bueno Elena, ya lo haré en el futuro.

Koh Tao, además del mundo debajo del mar, ofrece un montón de actividades: talleres de yoga, clases de muai thai, excursiones a islas vecinas, rutas de senderismo...con la ventaja de que es una isla pequeña (la menor de las Samui) y que no es necesario, ni recomendable, alquilar una moto (te intentan sacar la pasta al devolverla con la excusa de que la has rayado cuando la moto está hecha polvo).

Tras alojarnos en la multitudinaria playa de Sairee, cerca del puerto, decidimos apuntarnos a una excursión, tras el chasco del buceo. La sacamos a muy buen precio y consistía en una travesía en un barquito junto a otras 10 personas recorriendo las calas más innacesibles de la isla y las mejores para hacer Snorkel y luego acercarnos a una cercana y preciosa Isla y Parque Natural.
Nos lo pasamos pipa. Fuimos a la Shark Bay, una bahía donde si tienes suerte puedes ver un montón de peces y pequeños tiburones (a estos últimos no los vimos y aunque teníamos ganas, no se si decir que menos mal), la Hin Wang Bay, llena de corales y pescaitos y la Mango Bay. Entre medias frutita para coger energía y una buena comida en el barco. Con las panzas llenas nos acercaron a Nang Yuang, donde tuvimos algo más de dos horas para seguir difrutando en sus aguas turquesas y explorar la isla que está compuesta por tres pequeños islotes comunicados entre sí por lenguas de arena.
Acabamos derrotados. Llegamos con la puesta de Sol y tras la ducha y posterior cena, caímos rendidos. Ya habría tiempo de ver la noche de Koh Tao.

A la mañana siguiente, nos pusimos en marcha y fuimos a conocer las playas del sur, hacia la zona conocida como Chalok. Nos dimos una buena pateada pese a que todo está "cerca", pero la caminata merece la pena cuando llegas a cualquiera de las playas y admiras su belleza. Pasamos la mañana como lagartijas y dedicamos la tarde, como no, a trepar hasta uno de los muchos miradores para ver todo desde otra perspectiva. Una ceveza con la puesta de Sol, vamos lo que se ha convertido en tradición para nosotros estas dos últimas semanas, y a descansar al bungalow.
Esa noche sí teníamos pensado salir, como no ibamos a hacerlo, era noche del Clásico en una Isla plagada de españoles, la noche prometía. Y como sabéis se dio bien, más para uno que para otros, reunidos todos en un chiringuito disfrutamos de unas cervezas y nos trasportamos por unas horas a cualquier bar de España. Tras la victoria como no, tocaba la celebración en el Lotus Café.

Última fotitos en la playa (de Tailandia al menos)...

martes, 24 de noviembre de 2015

Koh Phangan, la Luna llena y algo más.

Al llegar al Golfo de Tailandia teníamos claro a qué isla ir, a qué isla no ir y otra sobre la que debíamos decidir. Sí ir a Koh Tao porque nos permitía pasar unos días haciendo snorkel y porque es una isla que siempre está llena de españoles. No ir a Koh Samui porque es una isla más bien de resorts y familias y no es a lo que hemos venido hasta el Sudeste Asiático. Y luego estaba Koh Phangan, aquí es donde acabamos desembarcando.
Para el que no lo sepa Koh Phangan es la isla de la Full Moon Party (o fiesta de la Luna llena) donde, una vez al mes, se celebra la llegada de ésta con un fiestón multitudinario en una de sus playas. Pero no solo eso, también existen dos fiestas mensuales de la Half Moon Party (en sus cuartos creciente y menguante), una Black Moon Party (Luna nueva) y diversas fiestas organizadas más.
Por fechas no coincidíamos con Luna llena, además habíamos decidido pasar ese día en Chiang Mai porque allí se celebra el Loy Kratong, que es un impresionante festival budista que se realiza coincidiendo con plenitud de la Luna de Noviembre y que, después de ver ya alguna que otra fiesta playera, nos apetecía más que emborracharnos con miles de guiris y saltar a la comba de fuego.

No habiendo Full Moon Party seguía habiendo isla, seguían habiendo playas y mucho ambientillo.Y para comprobarlo nos alojamos en su principal playa, Hat Rin, allí donde una vez al mes se lía la gorda.
Motorizados,  por supuesto, llegamos a un hotel regentado por unas danesas muy majas y, tras instalarnos, nos bajamos a dar una vuelta y tomar una cerveza viendo la puesta de Sol. El pueblo es enano pero está por completo dedicado al turismo de borracherra (así es como se le llama a irte a una isla de no sé dónde a cogértela mortal, al igual que todos los demás). Locales de comida, bares, tiendas de merchandising de la susodicha Party y montones de puestecitos con bebida ocupan el espacio comprendido entre sus cuatro calles.
Al tener la moto podíamos, siempre que el Tiempo nos lo permitiese,  pasar el día de playa en playa y visitando otros lugares interesantes con tiempo suficiente para llegar al pueblo y tomarnos algo con la gente.

Habíamos leído que las playas más bonitas estaban en el norte, asíque pasamos la siguiente mañana explorándolas. Nuestras elegidas fueron: Haad Mae y Haad Khom y ya que estábamos en el norte aprovechamos para comer en Baan Chaloklum , un pequeño pueblo de pescadores y conocer algún templo. Concretamente nos llamó la atención uno, el Wat Khao Tham en el que encontramos a occidentales en una especie de retiro espiritual, meditando ante la puesta de Sol.

Koh Phangan además de playas tiene, al igual que el resto de las islas, selva, cascadas, montañas y, como nos gusta hacer un poco de todo, también aprovechamos el tiempo explorando el interior.
Visitamos Phaeng Waterfall un conjunto de cascadas y pozas de agua fresquita, lo cual se agradece tras la caminata ascendente requerida para acceder a ellas.
Además, estando allí se puede aprovechar para subir a un mirador que te ofrece una de las mejores vistas del oeste de la isla.

En nuestra última noche y, aunque al día siguiente nos despediríamos de la playa con un baño, salimos a ver que ambiente había en la isla de las fiestas cuando no hay fiesta, y bueno gente había, menos jaleo del que nos hubiera gustado, pero el suficiente como para echar unas copillas y reirnos un rato. Concretamente nos tomamos un cubo al estilo Thai (o un Thai Style Bucket), que no es nada menos que un cubito con hielo, whisky tailandés, red bull de aquí (el original) y coca cola. No está mal pero preferimos el Johnnie Walker para qué nos vamos a engañar...
Y nada más, a la mañana siguiente un baño mañanero y a pillar el barquito dirección Koh Tao.

Unas fotitos para que lo veáis. Saludos.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Tonsai y Railay Beach: el edén de los escaladores

Hasta ahora, salvo Phuket, el resto de las islas de Tailandia en las que hemos estado pertenecen a la provincia de Krabi. Pero esta región también tiene una parte peninsular. Y esa era nuestra siguiente parada. Llegar a Ao Nang (a tan sólo 10 km de la ciudad de Krabi, siendo su principal playa) y de ahí tomar una lancha o longtail boat a Tonsai.
Elegimos Tonsai para alojarnos, y no Railay Beach, por la diferencia de precios y porque cruzar de una a otra cuando la marea estaba baja suponía un paseo entre las rocas de unos 5-10 minutos. Ambas playas duermen entre altos muros rocosos y siempre están hasta arriba de turistas y escaladores por doquier; además se comunican por una travesía de unos 2,5 km cruzando la montaña.

La cosa comenzó complicándose, según nos bajabamos de la minivan que nos acercó a Ao Nang empezó a diluviar, de esa manera que sólo sabe llover aquí. De pronto hace un sol radiante y en 15 minutos el cielo está negro y el agua cae a cubos acompañada de rayos y centellas.
No habíamos comido todavía así que corrimos al primer restaurante local que vimos a resguardarnos y llenar la tripa.
Un par de horas después nos encontramos subiendo a una barca junto a otras 6 personas más y el barquero. El trayecto fue bien corto, pero lo mejor fue la llegada. Cual Desembarco de Normandía nos tuvimos que tirar de la embarcación bien lejos de la playa, al estar la marea baja. Con el agua por las rodillas y cargados con las mochilas con mucho cuidado para que no se mojaran, llegamos a la arena calados de muslos para abajo.
Por supuesto, no teníamos alojamiento y nuestra billetera estaba temblando al haber consultado los precios de las habitaciones en Ao Nang. Pero últimamente estamos teniendo mucha potra y conseguimos un bungalow un tanto rudimentario ¡a 5 euros la noche!.
La verdad que era un poco peculiar: abrimos la puerta y nos abofeteo el olor a humedad, una gran cama con su mosquitera, un ventiador y una silla era todo el mobiliario en un espacio enorme. Y al final, una puerta que daba al baño. Al abrirla vimos que era un patio cerrado donde podías duchararte con vistas a la montaña junto a alguna rana como compañera.

Una vez instalados, aseados y cambiados, salimos a conocer la zona y a cenar una rica hamburguesa de tofu, ¡ñam! Descubrimos el Chill Out , un bar bastante enrollado, al estilo cabañas de bambú, con música reggae, y lleno de escaladores, equilibristas y malabaristas. Todo un acierto.
No nos liamos mucho ese día, queriamos aprovechar la mañana siguiente y además por la noche nos prometieron un concierto.

Y eso hicimos, nos levantamos tempranito y, aprovechando la marea, cruzamos por las rocas a la vecina Railay. Se compone de 3 playas (la del este, la del oeste y la que más nos gustó: Phra Nang), varias cuevas, selva, montaña y como no, monos. Este lugar ofrece todo tipo de ocio: escalada, playa, espeleología, kayak... Un sitio imprescindible para quien venga al Sur de Tailandia, aunque un poco masificado con tanto guiri. Hasta encontramos puestos flotantes con comida occidental en la playa.
Nosotros no teníamos tiempo ni dinero para hacer un curso de escalada, ni experiencia para salir un solo día a practicar, pero donde fueres haz lo que vieres, así que hicimos nuestros pinitos trepando una ladera para ascender a un mirador que, vamos a ser sinceros, tampoco tenía nada de alucinante para el esfuerzo requerido (o eso, o que nos estamos malacostumbrando con tantas vistas guapas).
Además de bañarnos en sus azules y magnificas aguas, nadamos hasta un islote cercano y, como somos unos curiosos, nos adentramos en una cueva hasta que la falta de luz y el calzado inadecuado nos echó para atrás.
Quemados y cansados decidimos no esperar a que la marea nos facilitara el paso y escogimos volver caminando los 2,5 km que nos separaban de nuestro alojamiento por la selva. Un día completo vamos.

Pero no podíamos dejarlo así. Tras la ducha, descanso y cena pertinentes, nos fuimos al concierto que resultó ser muy divertido. Un grupo local tocando sus temas y unas cuantas versiones, con montones de hippies bailando y disfrutando como enanos. El mejor cierre para un día redondo.

Vamos con las fotos.