miércoles, 22 de marzo de 2017

La joya de Palawan, El Nido

Vuelta a coger una van, vuelta a los baches, al asfalto entre la selva, a los acantilados, a los paisajes kársticos, a recorrer en cuatro horas lo que normalmente harías en una y media. Pero todo camino tiene una meta y la nuestra tenía muy buena pinta. El Nido. El destino preferido entre casi todos los turistas que vienen a Filipinas o, al menos, a Palawan.
Situado al norte de la isla, este pueblo, más grande y algo más preparado que Port Barton, está rodeado de hermosas islas, cascadas y playas, ofreciendo multitud de opciones de ocio a cualquier hora del día.

Nosotros decidimos pasar aquí tres días para recorrer la zona, hacer alguno de sus famosos tours o "Island Hopping", descansar y disfrutar de su ambiente. Pero, pese a que nos ha encantado, al igual que nos pasó con las islas Phi Phi, este lugar es demasiado turístico. Lo que se traduce en precios más elevados, masificación y mucho postureo. Aún así, si vienes a Filipinas creo que es un destino obligado.

Tras unas horas de camino llegábamos a las afueras del pueblo tras el cual, una bahía dominada por una enorme montaña, nos daba la bienvenida. Tomamos las mochilas y echamos a andar raudos a sabiendas de que el hospedaje económico es escaso o está ya ocupado, pero después de varias vueltas encontramos habitación en una pensión a buen precio pero con regular wifi (vamos, igual que en todos lados por lo que comprobamos después).
Ya era mediodía y queríamos aprovechar para hacer algo así que tomamos un trycicle y nos fuimos a la cercana playa de "Las Cabañas", la mejor de la zona. Agua cálida y azul turquesa, arena blanca y fina y varios chiringuitos con música chillout nos esperaban.
Había más gente de la que nos hubiera gustado pero caminando un poco nos quedamos solos. Chapuzón aquí y allá, escuchamos un sonido extraño y, al buscar de dónde procedía, divisamos una enorme tirolina que cruzaba desde la isla en la que estábamos a un islote cercano a unos cientos de metros (la Zipline). No hacía falta decir nada para saber que Miguel quería subirse. Yo con mi vértigo no lo tenía nada claro pero,  ¿cuándo me iba a ver en otra igual? Así que, tras escalar a lo alto de la montaña, allí estábamos equipados y a punto de saltar, ¡qué miedo!. Y, de repente, nos vimos volando con unas vistas impresionantes. ¡Qué divertido!
Después del subidón de adrenalina otro par de baños, un poco más de sol y, esta vez, vuelta caminando para disfrutar de las vistas y hacer una breve parada en la playa Corong-Corong,  bonita pero nada del otro mundo. Emprendimos la vuelta, cenamos y a la cama. Al día siguiente teníamos un día completo con una excursión.

De los que había nos decidimos por el Tour A (hay 4 diferentes), ya que era el más distinto a lo que ya habíamos hecho en Port Barton. Llegamos a pensar en hacer también el C, pero demasiada excursión y mucho de lo mismo. El itinerario serían 3 "lagunas" , una de ellas con Kayak,  2 playas paradisíacas y todo el snorkeling que quisiéramos.
Comenzamos en la "Secret Lagoon", un pequeño lago de agua de mar al que se accede a través de una pequeña cueva. A continuación paramos en "Chimizu Island" donde nos hartamos de hacer snorkel, tomamos el sol y nos prepararon una suculenta comida a la parrilla.
Con las panzas llenas tocaba la hermosa "Big Lagoon", otra laguna formada en el mar debido a las montañas que la rodean. Tenía el agua más turquesa que hayamos visto jamás.
Seguimos con la "Small Lagoon" donde cogimos unos kayaks y la recorrimos y nadamos entera.
Para terminar el tour qué mejor que la playa "7 Commandos" para relajarnos y estar tirados un rato.
La verdad es que los tours son increibles. Si les sacamos una pega sería que son muy turísticos y en algunos puntos te encuentras con demasiada gente. Aún así los lugares a los que te llevan son una pasada. Hay otras opciones como buscar a algunos compañeros más y alquilar la barca para vosotros solos, eligiendo así el orden y el tiempo en cada sitio; o la otra, alquilar unos kayaks y llegar por tu cuenta a alguno de estos sitios, aunque debe ser una paliza que, por una vez, no quisimos darnos.
A eso de las 16:30 volvíamos a El Nido, una ducha y un rato de descanso después, ¿qué mejor que una buena cerveza Red Horse viendo el atardecer y un picoteo en el Pukka bar? Esa noche caímos rendidos.

A la mañana siguiente decidimos alquilar una moto y explorar un poco la zona por nuestra cuenta. Sabíamos que había dos cascadas y teníamos ganas de verlas. Al llegar allí, tras un par de rodeos, nos decantamos por ver solo las "Nagkalit falls", dado que las otras suponían una caminata de más de una hora.
Nos la intentaron colar pero no, no queríamos guía, nos manejamos solos bien y no, no íbamos a pagar 100 pesos cuando la entrada sabíamos que valía 10. Con esa premisa nos impusimos y a los pocos minutos nos adentrábamos en la vegetación siguiendo el río hasta llegar a una pequeña cascada que, en temporada de lluvías, seguro que es más vistosa pero que, para nosotros, con el calor que hacía era perfecta para refrescarnos. Y encima, volvíamosna estar solos.
Después de un rato emprendimos camino de vuelta y continuamos hacia la playa "Nacpan" que, con una precioso enclave, es una de las favoritas de los turistas. Tuvimos suerte de llegar y pegarnos un baño porque a la media hora excasa comenzó a llover, un poco al principio, y a cubos a los pocos minutos, lo que hizo que nos resguardáramos en unas casetas donde acabamos tomando algo y charloteando con un inglés, una filipina y dos uruguayos esperando a que escampara.
En cuanto lo hizo decidimos irnos y alejarnos de la nube, el camino de vuelta podía ser peligroso y no sabíamos en qué momento volvería a llover.
Hicimos bien porque a la media hora de nuevo estábamos rodeados de sol, esta vez de nuevo en "Las Cabañas" para darnos un último chapuzón y ver una puesta de Sol alucinante.
El día no daba para más. Una ducha, una comida y a la cama. Al día siguiente había que coger una avioneta al próximo destino camino a las Visayas.

Vamos con las fotos. Besos



Nos quedamos en Port Barton

Y, ¿cómo no nos vamos a querer quedar? Si este pueblo es un paraíso.
Por eso no nos extrañó conocer a una mallorquina que ha montado un restaurante para quedarse a vivir aquí. Bueno, y al parecer hay varios españoles más que han hecho lo mismo.
Port Barton es un pequeño pueblo de apenas dos calles, justo a mitad de camino entre Puerto Princesa y El Nido. Pertenece a la provincia de San Vicente y hasta hace unos pocos años era un total desconocido para los turistas. Hoy en día somos muchos los que hacemos una parada en este lugar buscando tranquilidad,  playas de ensueño, atardeceres inigualables y el cielo con más estrellas que he visto en mi vida.
Este humilde pueblo ni siquiera dispone de luz, salvo unas horas al día (de 18:00 a 24:00) donde unos generadores abastecen a los hostales, restaurantes y casa locales.
La mejor manera de llegar hasta aquí es tomando una minivan que en algo así como 3 horas te deja en tu destino. En nuestro caso la contratamos directamente en la pensión de Puerto Princesa ya que estábamos lejos de la estación y el precio apenas subía por venir a recogernos.
Bien tempranito ya nos estaban buscando y, tras varios cabezazos para intentar dormir sumados a los últimos 20 minutos de la tortuosa carretera de entrada, llegamos a Port Barton. Y nada más bajarnos de la furgoneta supimos que habíamos hecho bien en venir a este encantador pueblo.
Nos alojamos en El Busero, una guesthouse y restaurante que, pese a no ser de los mejores sitios que hemos estado, tenía una ubicación insuperable a la orilla del mar y con unas increíbles vistas.
Rápido nos invadió esa sensación de haber llegado a un sitio que nos iba a encantar y nos pusimos los bañadores para lanzarnos a la playa.
Al primer sitio que fuimos fue a la "White Beach": una playa que, como su nombre indica, tiene arena blanca y aguas cristalinas, con un inmenso campo de palmeras a su espalda.  Pero nos dimos cuenta de que el camino continuaba y lo seguimos hasta llegar a la que, para nosotros, era la verdadera "White Beach". Una lugar que podría competir con cualquier playa paradisíaca del Caribe pero con muy poca gente. Una maravilla.
Después de pasar dos o tres horas chapoteando, comiendo algo y tomando el sol decidimos regresar al pueblo y tomar la dirección contraria para llegar a las cascadas Pamuayan antes de que anocheciera. El camino se nos hizo algo pesado, siempre acabamos dándonos una buena paliza caminando, pero el resultado, al llegar un poco más tarde, fue que nos encontramos sólos. Teniamos la cascada para nosotros nada más. Segunda maravilla del día.
Después de un rato, los mosquitos empezaron a molestar un poco con lo que tocó regresar al pueblo tras un día completo a cenar algo y descansar.
A la mañana siguiente y, tras dormir como 10 horas, nos levantamos con ganas de más. La noche anterior habíamos decidido contratar un "Island Hopping", una excursión por las islas vecinas.
Llegamos al puerto donde una bangka nos esperaba junto a otros tres compañeros: la pareja de Sams (ella y él) y Jay. Con nosotros dos, hacíamos cinco, más los dos barqueros Chris y Yhum, completábamos la tripulación del barco. Y nos dirigimos a recorrer los alrededores.
Nuestras paradas fueron: un par de arrecifes donde pudimos hacer snorkel junto a muchos peces y corales, un par de playas ancladas en dos pequeñas islas (Paradise Island, en la que nos dieron de comer, y Exotic Island), un punto de avistamiento de tortugas gigantes donde tuvimos la suerte de ver y nadar con una, la "Double Island" donde caminamos por la lengua de arena que comunica dos islas entre si y otra isla diminuta donde pudimos ver estrellas de mar (Aquí hago un inciso. ¡Por favor no cojáis ni toquéis las estrellas de mar! Es perjudicial para ellas). Como plato fuerte y, para terminar, una breve parada en una hermosa playa en German Island donde nos terminamos de relajar.
Al final, unas 7 horas de una excursión que tuvo un poco de todo.
Lo mejor, que según trascurrían las horas fuimos charlando con nuestros compañeros europeos y filipinos, y el día fue mejorando por momentos.
Cuando finalizó el tour decidimos continuar la tarde tomandonos unas cervezas juntos mientras el Sol caía. Elegimos el "Natives Bar", en la misma playa donde acabamos viendo una puesta de Sol espléndida.
Dos horas más tarde ya estábamos duchados y cenando todos juntos en el restaurante Gorgonzola, de dueña española afincada en Filipinas y donde comimos unas pizzas de masa super fina que estaban riquísimas. Cómo no, continuamos la fiesta tomando unos cubatillas en un pub con música en directo. 
¡Dos días inmejorables! Tal vez sería un sitio perfecto donde poder pasar una temporada. Ahí lo dejo... y ahí van esas fotos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Y llegó la hora de Filipinas. Primeras impresiones en Puerto Princesa

Tocaba hacer las mochilas y tomar otro vuelo, bueno, en realidad dos. El primero a Manila, la capital de Filipinas y desde allí otro a Puerto Princesa, la capital de la Isla Palawan.
El día iba a ser largo pero esta vez, al menos, no empezaba tan temprano y descansamos algo mejor. Solo teníamos que coger nuestro ya conocido metro para llegar al aeropuerto y dejarnos llevar al siguiente destino.
En algo así como una hora y cuarenta minutos estábamos aterrizando en Manila y, nada mas bajar del avión, el guantazo de calor y humedad nos hizo recordar el clima del Sudeste Asiático. Y a la hora de coger el autobús que nos cambiaría de terminal para tomar el siguiente vuelo, la tranquilidad y parsimonia de la gente ahí estaba.
No podemos decir todavía nada de Manila porque apenas pasamos un par de horas allí, pero intuímos por la cantidad de tráfico, bullicio y suciedad que iba a ser una ciudad frenética.
Llegados a la terminal 4, donde salen los vuelos domésticos (parecía una estación de autobús cualquiera), también intuimos que este país es bastante pobre en infraestructuras. Solo una hora de avión nos separaba de nuestro ansiado destino... Palawan.

Pero antes de continuar vamos a hablaros un poco de donde estamos.
Filipinas es una nación formada por más de 7000 islas situadas al sur de China y al norte de Indonesia, en el océano Pacífico.
Se divide en tres grandes regiones: Luzón (donde encontramos la Capital, Palawan y Boracay, entre otras muchas islas), las Bisayas (a esta zona pertenecen Cebú, Bohol, por ejemplo) y Mindanao (la región más alejada y donde está Siargao como destino más prometedor).
Su moneda es el peso filipino y tiene un clima tropical con una estación húmeda y una seca, en la que estamos ahora mismo.
Este hermoso país conformado por miles y miles de paradisiacas playas, selvas, volcanes, montañas y cascadas; un día fue colonia española. Aunque el idioma apenas ya se habla entre sus gentes, siendo el filipino y el inglés los más usados, los españoles sí dejaron hueya en cuanto a la religión (casi todos son cristianos), los nombres tanto de las personas como de calles y pueblos; y quiero pensar que la alegría de sus gentes, porque aquí todo el mundo sonríe, aunque no me extraña. Esto es un paraíso.

Y por fín llegamos a Puerto Princesa. Eran ya las 6 pm y, aunque para nosotros era un punto de descanso para llegar a nuestro verdadero destino, queríamos aprovechar para ver algo. Asi que corrimos a tomar un trycicle (una especie de moto con sidecar) que nos llevaría a la pensión "Aniceto", que habíamos leido que estaba bien y a buen precio. Solatamos macutos y a caminar.
Las primeras sensaciones nos evocaron al interior de nuestra querida Bali: muchas calles sin asfaltar, vegetación por doquier, motos, trycicles, coches, una iluminación bastante pobre y mucha gente comiendo en puestos, en mercadillos o simplemente charlando.
Paseando nos cruzamos con un par iglesias y la Catedral de la Inmaculada Concepción, a los pies de la cual unos animados jovenes jugaban un partido de básket (el deporte estrella aquí). Observamos algún que otro monumento y nos dejamos caer por el paseo marítimo lleno de puestos y bares y el lugar idóneo para parar y tomar la primera cerveza San Miguel.
Rápido hicimos hambre y nos dirigimos al restaurante "Imas", un vegetariano que había fichado y donde comimos muy rico.
Aquí, aparte de los restaurantes más dedicados a los turistas donde pueden prepararte comida occidental cara, lo normal es comer en caldererías, restaurantes locales donde por 1 o 2 euros tienes una ración de arroz a la que le echas los complementos que quieras de las cacerolas allí servidas, muchas veces con la bebida incluida. El problema para mí es que aquí comen muuuucha carne y pescado, aunque por ahora no me quejo.

Poco más pudimos hacer. Volvimos a caminar de vuelta a la pensión y reservamos nuestros billetes allí mismo para ir a Port Barton, un pequeño pueblo costero, del que ya os hablaremos.

P.D.: Estamos teniendo problemas con el wifi, asi que cuando cojamos uno bueno iremos colgando todo lo que podamos para ir teniéndoos informados. Besos

domingo, 19 de marzo de 2017

Una inesperada bienvenida: Hong Kong y Macao

Siempre he creído que lo mejor de viajar es lo inesperado. Todo aquello que te llega sin avisar enriquece la experiencia gracias al factor sorpresa. Y, ¿quiéin iba a decirnos que, por un "problema" de escalas, acabaríamos aterrizando por tres días en Hong Kong?
Fue un tremendo impacto el que sufrimos al salir de la boca del metro de Causeway Bay. Las luces de neón,  los autobuses de dos pisos, el humo que asciende desde los puestos de comida callejera y esa melodía que resuena en los anuncios de las fachadas crearon en nosotros  un conjunto de sensaciones que arrastró nuestras miradas hacia arriba y, poco a poco, más arriba; otro piso y otro más, hasta haber girado el cuello y las cabezas hacia el cielo. Y allí estaban todos ellos, las decenas de rascacielos no dejaban ver la Luna, y entre esa gente y aquellos sonidos, caminamos hacia el nuestro.
Vaya dos días de subir y bajar, de entrar, de salir, de correr y pasear, de comer donde sea, de visitar una iglesia, un templo, pagoda, mezquita o monasterio. De preguntar en inglés, español, cantonés o japonés. Entre el color de cada calle, el sonido de los cruces, el olor a cerdo frito y la humedad de la bahía.
Y si nos gustan las sorpresas,  pues toma otra sorpresa,  ¿y por qué no vamos a Macao, que está ahíal lao? Y en el ferry, en una hora, otro país y otra historia. Sólo chinos por unas calles cuyos nombres son de Santos.  Que, además, van a la iglesia, y cocinan "bacalhau", pero hablan cantonés y comen arroz tres delicias; y pasean por la bahía entre musiquilla china y unos fados de ultramar.
Si os gustan las mezclas fuertes, ¡ahí va eso!: Portugal dentro de China y Las Vegas en el centro, donde el lujo de lo inmenso apabulla las miradas. Donde el juego y el derroche hacen de oro a esta ciudad. Que no sabes de quién es, no sabemos quien la quiere, pero sí que en pintoresca no le gana, que yo sepa, ninguna otra en el Planeta.
Pues ya está, vaya sorpresa, y vaya forma de empezar. Un acierto, por supuesto. Ya podemos decir que hemos estado en Hong Kong,  que nos dio la bienvenida de repente y por sorpresa.

Miguel