Este blog no es el primero ni el último sobre el tema, pero es el nuestro...y como queremos que todo aquel que quiera acompañarnos en nuestra aventura oriental pueda hacerlo, os dejamos aquí nuestras experiencias, impresiones e ilusiones para que o hagáis a la idea de lo que estamos viviendo...porque como alguien dijo una vez: "lo importante no son los años de tu vida sino la vida de tus años"
miércoles, 6 de enero de 2016
Resacón en Bangkok
lunes, 4 de enero de 2016
No te fíes de las apariencias, ven a Camboya
Fue al bajar del autobús y pisar las embarradas calles de Phnom Penh cuando sentí los ojos de Marina sobre mi espalda. Al girarme vi su cara al ver la mía y está claro que ambas decían: ¡dónde nos hemos metido!
Ya al andar unos metros fuimos viendo que ese Mordor del que alguno nos había hablado se iba viniendo a menos y que ni las personas eran orcos ni el peligro era tanto.
Cuesta asimilar tanto contraste entre las expectativas que te creas y el resultado final, la realidad. También cuesta creer que un pueblo, representado en este caso por su Capital, Phnom Penh, haya sufrido tanto en el pasado. La huella de los Jemeres Rojos y su masacre seguro que permanece imborrable en el corazón de cada uno de los que aquí viven. Y que nada de eso se note hoy, con tan poco tiempo de distancia...
Más nos cuesta asimilarlo cuando das una vuelta y ves su vida y su trasiego, incluso alegría.
Se dice que unos crían la fama y otros cardan la lana, pues este es el caso de Camboya. Aunque a Tailandia le llamen el país de la sonrisa podemos afirmar que, en proporción, el camboyano es más sonriente y servicial que su vecino más afamado, además con diferencia.
El segundo bofetón a nuestra idea preconcebida fue al llegar a la costa. Estábamos convencidos de que Sihanoukville iba a ser un pueblito pescador con alguna playa buena. Pues lo de las playas sí, y muy buenas, pero lo otro... Más ambiente no he visto yo en una playa ni en la Caleta de Cádiz. ¿Es que nadie conoce Camboya en España? Legiones de ingleses, australianos y rusos llenan de vida sus paseos marítimos hasta altas horas de la madrugada.
Igual pasó en Siem Reap, lo del ambiente. Y lo de Angkor ya ni os contamos. Ni se os pase por la cabeza rechazar una invitación, sea de quien sea, para visitar este sitio aislado del Tiempo y la locura moderna. Aquí sí hay que venir una vez en la vida, casi nos da rabia no haber venido antes. Cuántas noches, en el futuro, perderemos unos minutos de sueño paseando (imaginariamente) por sus calzadas y torreones antes de conseguir despejar la mente y conciliar el sueño.
Casi nos alegra haber dejado varios trozos de este pastel agridulce que, por falta de tiempo y conocimiento, ahí se quedan esperando al próximo viaje. Y así Krati, Koh Rong, Kampot, el lago Tonle Sap y tantos otros lugares, aun desconocidos, nos alientan a volver y nos hacen pensar (y desear) que habrá una segunda parte en un futuro, más pronto que tarde.
Nadie vino y nos dijo que Camboya merecía tanto la pena, quizá por eso nuestra sorpresa fue tan buena e impactante. Y ahora somos nosotros los que recogemos el guante y os decimos a todos que el que pueda que se atreva. Que deseará haber venido antes. Que no se fíe de las apariencias y que se venga a Camboya, un país alucinante.
Siem Reap y Angkor (día2)
Lo prometido es deuda. Y, antes de hablaros del segundo día en bici por Angkor (por su menos conocido pero igual de interesante circuito largo), vamos a contaros cómo es el pueblo base desde donde los miles de viajeros parten hacia el monumento. Siem Reap de día no es distinto a cualquier pueblo camboyano, puede que con un poco más de locales y algo más de ambientillo, pero la noche ya es otra historia. Tantos son los visitantes y tan variopintos (mochileros, ricos, hippies, familias, rusos, indios, chinos, chinos, chinos, chinos, chinos...) que la ciudad ha tenido que adaptarse para ellos y, en lo que se refiere a servicios, Siem Reap es con mucho el lugar más preparado de Camboya con cientos de hoteles y restaurantes, mercados, agencias, transportes, guías y negocios relacionados. La mayoría hacen dinero en aquellos momentos en los que la gente no está en Angkor y que es, cómo no, la noche. La ciudad parece otra y se llena de luces de colores y de guiris hambrientos y con ganas de comprar algún recuerdo. Todas las calles del centro se reparten la clientela, pero la más famosa de todas y centro neurálgico del cachondeo es Pub Street (el nombre ya lo dice todo).
No sabemos cómo eran los demás hoteles pero, para nosotros, el que acabamos eligiendo fue todo un acierto. Más allá del mostrador de recepción, tras el edificio principal, se situaba la zona mochilera que, paradójicamente era la más barata y la mejor. Sobre todo por tener una piscina con jacuzzi y un bar en la orilla de la misma con música non stop desde las 10 de la mañana hasta la noche. No está mal después de una exigente jornada de bicicleta bajo el Sol eso del jacuzzi y la cervecita.
Tras este apunte sobre Siem Reap, toca hablar de lo importante, para lo que hemos venido hasta aquí: Angkor, esta vez el circuito largo.
Al despertarnos el segundo día nos sorprendimos alegremente de que nuestros músculos no habían sufrido demasiado el esfuerzo del día anterior y que las agujetas, si tenían que aparecer, no lo harían ese día. Ésto reforzó nuestras ganas de atrevernos, otro día más, a alquilar unas bicis (mountain bike), y pasar el día conociendo el circuito de los templos periféricos del recinto. Con menor fama por estar más lejos, pero igual o más impresionantes que los cercanos y masificados templos principales.
El recorrido era más largo, pero también más tranquilo de tráfico y muy escalonado. Lo mejor fue que apenas nos cruzamos con gente durante las primeras horas de trayecto.
El primer lugar en el que paramos fue el lago Sra Srang donde pudimos degustar el desayuno de los campeones, vamos leche (de soja) con galletas. Enfrente se encuentra el Banteai Kdei, que es un templo rodeado por un bosque enorme y, aunque bastante hecho polvo, fue muy agradable para empezar porque estábamos literalmente sólos.
Más adelante paramos en dos templos más: Pre Rup y East Mebon, los cuales no tienen nada del otro mundo, sólo que son bastante altos y teníamos unas vistas alucinantes de todo el complejo. En la antigüedad, el East Mebon se encontraba en medio de un lago, hoy no hay lago pero sí una gran extensión de arrozales entre árboles que nos recordaban a la sabana africana.
Tras los primeros templos llegábamos a las estrellas del circuito largo, que no son otros que el Ta Som, el Neak Pean y el Preah Khan.
Si el día anterior ya os hablamos de que el Ta Phrom es llamado el templo del Tomb Raider; el Ta Som es el del Tomb Raider II, menos famoso pero tremendamente impactante al haber sido literalmente devorado por la selva.
El Neak Pean es diametralmente opuesto al anterior pero igual de bello o más. Situado en el centro de un lago, con sólo una pasarela que lo une con la tierra firme, este templo sirvió de balneario en sus tiempos.
Se trata de una estructura formada por 5 piscinas termales llenas de estatuas cuyo perímetro se asemeja a una flor de loto, símbolo de la curación en esa cultura.
El otro grande del recorrido largo es el templo de Preah Khan, cuyo patio de entrada es para mí el que más me trasladó a los enormes e increíbles decorados de videojuegos como el Shadow of the Colossus o el propio Tomb Raider. Allí de verdad que sí sentí ser el mismísimo Principe de Persia saltando por sus tejados y entre sus derrumbados pilares.
Aún nos dio tiempo de re-visitar el Bayon, quizá porque todavía había ganas de estar un rato más entre tanta Historia y enormidad sin pensar demasiado en que en un rato ya nos tendríamos que marchar.
Para acabar la faena nos fuimos al Phnom Beakheng, que está en una colina en el centro de Angkor y donde vimos, no sin antes pelearnos con varias hordas de chinos al más puro estilo del God of War, la puesta de Sol desde las alturas sobre la preciosa llanura de esta ciudad centenaria, hoy en ruinas.
Poco más, ya acabó la aventura de Angkor, y nosotros tenemos muchas cosas nuevas y todas buenas: más sabiduría, más experiencia, imágenes inolvidables grabadas en nuestra memoria y unas piernas de hierro para futuras aventuras por la selva. Para qué pedir más.
Van unas fotos para todos. Un beso, disfrutad.