lunes, 9 de noviembre de 2015

Kuala Lumpur, algo más que las Torres Petronas

Toda capital dice mucho sobre cómo es un país, a veces para bien y otras no tanto. Y no iba a ser menos con la capital de Malasia. Kuala Lumpur es una ciudad con un sabor agridulce, llena de contradicciones. Y no, no sólo tiene las Torres Petronas como muchos piensan.
El sabor dulce lo da su mezcla, su pasado y su futuro, su calles y barrios, su comida. Lo agrio se ve sobre todo por las noches, con calles abarrotadas de gente sin hogar, sucias y algo hostiles.
Llegados a la última parte del viaje en trío, nos dispusimos a aprovechar cada momento que nos quedaba juntos en esta otra jungla.

Kuala Lumpur es la sexta ciudad más visitada del Mundo y su aeropuerto es uno de los más transitados de Asia debido a su situación estrategica para las escalas aéreas. Pese a ser una de las ciudades más grandes del Sudeste Asiático, su previsión de crecimiento en los próximos años es enorme y así lo reflejan sus calles, repletas de obras, pisos piloto y edificios por construir.
En medio de este caos de asfalto y rascacielos, emergen barrios tan pintorescos como Chinatown, donde los turistas cohabitan con templos y cientos de puestos de comida, ropa, electrónica y cualquier cosa que se pueda vender.
Pese a ello, la ciudad, en cuanto al tráfico, no resulta tan caótica como otras en las que hemos estado, además tiene muy buena red de transporte público.

Según llegamos lo primero, como siempre, fue buscar alojamiento. Teníamos varias opciones anotadas, pero al final tiramos de LonelyPLanet que pese a que no siempre tiene razón, nos llevó a una de las casas de huéspedes más económicas en las que hemos estado y que resultó ser de ambiente gay, lo que supuso que el primo tuviera mucho éxito al ser, aparentemente, el único soltero.
Ese día sólo nos dió para hacernos a la ciudad, hacer colada e ir planeando qué queríamos hacer los próximos 3 días.

A la mañana siguiente comenzamos la ruta. Decidimos comenzar por la cercana Chinatown. Un paseo por el Mercado Central y el cercano mercadillo de la calle Petaling (donde venden imitaciones de todo lo que uno pueda imaginar) nos sirvió para abrir boca. Visitamos los templos de Sze Ya y de Sri Mahamariamman (budista e hinduista respectivamente). La cosa iba de templos así que nos acercamos también a la Mezquita Jamed y la Nacional, dos de las Mezquitas más importantes de Asia (solo entramos a la segunda con una guía voluntaria, y nos vistieron de pies a cabeza, velo incluido).
El resto del día lo ocupamos viendo la Plaza de Merdeka (Independencia), el museo de la Ciudad de Kuala Lumpur (donde nos reflejaron la previsión de crecimiento de la ciudad para los próximos 5 años con una inmensa maqueta), la vieja estación de tren, el Museo Nacional y el Monumento Nacional con sus jardines. En resumen, una pedazo de caminata para ver casi toda la zona centro de la capital.

El segundo día decidimos empezar por nuestra visita más alejada, las Cuevas de Batu, un sistema compuesto por 3 grutas. La más conocida, la cueva Templo con su santuario hinduista. Es accesible por una escalera de 272 peldaños y está protegida por una estatua de Murugán (Dios hindú de la guerra) de 43 metros. Tras conseguir subir y bajar a salvo de los monos que se dedican a intentar robar comida o lo que pillen a los turistas, cogimos el tren hacia el sur para retomar la ruta. Tras la comida, en un vegetariano, nos dirijimos a un enorme centro comercial de la zona Bukit Bintang donde Miguel consiguió un móvil de segunda mano porque el suyo había muerto y yo una cámara tipo GoPro que me está viniendo genial en la playita.
Pero venía la mejor parte, la visita a las enormes Torres Petronas de 88 pisos y 452m de altura, a las que no subimos por ser carísimas. Donde sí fuimos fue a la Torre Menara para ver el skyline de la ciudad por la noche.

El tercer día lo guardábamos para hacer una visita relámpago a Malaca, pero era sábado y encontramos la estación abarrotada de gente, con lo que no pudimos coger el bus que queríamos. Cambiamos de planes. Visita a algún extraño mercado popular, al barrio antes conocido como Little India, unas últimas compras, y hasta nos colamos en un hotel de 5 estrellas para tener vistas del distrito financiero por el día.
Vamos, un no parar culminado con una borrachera de despedida a Jesús y que terminó con el encargado echándonos de la azotea de nuestro hotel por culpa de un chino gritón.

Dejamos unas pocas fotos, como siempre, para que veais cómo es la capital de Malasia. ¡Primo va por ti!

jueves, 5 de noviembre de 2015

Asalvajaos en Taman Negara

Pues como se intuye en el título la cosa sigue yendo de verde, caminatas, lianas, etc. En este caso en el Parque Nacional de Malasia, más conocido como Taman Negara. Nada más y nada menos que la jungla más antigua de la Tierra (más aún que el Amazonas), con 130 millones de años de antigüedad y 4.343 km2 de extensión, donde cohabitan una enorme variedad de plantas, insectos, hongos fluorescentes e innumerables especies animales como monos, ardillas, lagartos y serpientes y otras más difíciles de avistar como elefantes asiáticos, tigres, tapires, jinetas... Un estupendo lugar para hacer rutas que van desde unas cuantas horas hasta varios días por la jungla.

Un minibus nos acercó a Kuala Temberling, donde empezaría la aventura al montarnos en unos barcos/canoa, que parecía que en cualquier momento iban a hundirse en el río. Tardarían algo así como 2 horas y media en acercarnos a nuestro destino: Kuala Tahan. Un trayecto sensacional pasado por agua al final, pero agua de la lluvia que nos cayó, no porque naufragara nuestra barca.
Nos cayó una buena, así que la busqueda de alojamiento se resumió en coger el primer sitio que tuviera hueco. Tuvimos suerte y el Liana,s Hostel estaba bien cerca y con habitaciones a un buen precio, aunque con unas literas un tanto peligrosas. Miguel casi se carga una según se subió.
Con ese tiempo, y siendo ya las 5 de la tarde, el día no daba para mucho, así que ocupamos las horas en conocer el pueblo (dos calles), coger wifi y arreglar los papeles para poder acceder al Parque: se paga un precio más que simbólico por entrar y por las cámaras y no hacerlo está penado con un multón y hasta 3 años de carcel.
Cuando nos quisimos dar cuenta ya había oscurecido y cenamos en uno de los muchos restaurantes flotantes a la orilla del río Temberling que nos separaba del Parque.

A la mañana siguiente, con las pilas bien cargadas, nos aprovisionamos de agua y comida en pequeños paquetitos para llevar. Ibamos a pasar todo el día en la jungla y aunque luego nos sorprendería encontrar baños, no habían instalado todavía ningún retaurante. Tomamos una pequeña lancha que nos cruzó los apenas 100 metros hasta la otra orilla, donde comenzaríamos la travesía por libre. Habíamos leído en varios foros que los senderos estaban muy bien señalizados y no eran de gran dificultad, e incluso ciertos tramos se realizaban por pasarelas de madera. Ésto, sumado a nuestra recién adquirida experiencia en esto de las selvas, nos hizo estar tranquilos. Seguro que nos las apañaríamos bien.
La primera parada y tras un par de kilómetros de marcha fue en el Canopy Walk, unos 500 metros de estrechos puentes colgantes a la altura de la copa de los árboles, que te dan otra perspectiva de la selva. Resultaron hasta divertidos y mira que yo tengo vértigo.
A continuación nos dirijimos hacia la cumbre de la montaña Bukit Teresik donde encontramos hermosas vistas. Como nos resultó una ruta sencilla decidimos complicarnos la vida bajando por la ruta alternativa hacia Lubok Simpon, una zona accesible para el baño en el río. Queríamos cruzarnos con algún que otro animal pero la cosa estaba difícil. Sólo vimos muchos bichos de tamaños desorbitados, un lagarto trepador, un pavo real y algún mono en la distancia. El camino fue muy entretenido y acabamos embarrados hasta las rodillas; aun así no nos atrevimos a darnos un chapuzón porque nos habían advertido de que habían sanguijuelas y víboras. Al volver al hotel nos dimos cuenta de que a Miguel se le enganchó una al mojarse los pies, menos mal que  pudo quitársela con facilidad.

Sólo nos quedaba por experimentar una salida nocturna a la selva. Al final nos rajamos, demasiado tute para un mismo día; además a la mañana siguiente pretendíamos viajar temprano hacia Kuala Lumpur ya teníamos suficiente.

miércoles, 4 de noviembre de 2015

La Comarca: Cameron Highlands

Dejamos atrás Georgetown dirección a  las tierras altas del centro de la península. A medida que ascendemos el calor se va disipando a la vez que el paisaje va adquiriendo un verde más uniforme.  Nuestros oídos,  taponados, dejaron atrás el sonido de las olas para entrar poco a poco en esa sinfonía natural que les brinda la brisa de montaña al surcar los campos y las copas de los árboles.Y arriba, las Cameron Highlands, paraíso visual y meca del trekking en Malasia, además de centro neurálgico nacional del cultivo de la fresa y el té. Pero a nosotros, y seguro que a muchos otros, sus paisajes nos transportaron directamente a los campos de la Comarca, donde no nos extrañaría cruzarnos con algún Hobbit que vuelve a casa de recoger unas setas en el bosque.

El autobús nos dejó en el centro de Tanah Rata, uno de los dos pueblos alrededor de los cuales se extienden las highlands; el otro es Brinchang, pueblo por el que nos pasaríamos varias veces. Allí no nos fue difícil encontrar alojamiento. Esta vez no fue una habitación triple pero fueron dos pequeñas buhardillas a muy buen precio, de los más baratos desde que estamos en Malasia, aunque para ser totalmente sinceros tenemos que decir que las buhardillas disponían de un colchón y gracias, pero estaba bastante limpio todo, eso sí.

El encargado del hotel fue muy amable al explicarnos todo lo que necesitábamos saber. Teníamos día y medio por delante y no queríamos perdernos ni distraernos en tonterías. De las doce grandes rutas que existen elegimos la 10 para el primer día y la 1 para el segundo, más las visitas a una factoría fresera y a una granja donde crían mariposas.

La ruta10 era perfecta para empezar porque, al haber llegado por la tarde, no teníamos demasiadas horas de luz. Nos dispusimos a adentrarnos en el denso bosque que rodeaba el pueblo.  No sé de qué tiene más, de selva o de bosque. Jesús le llama "selbosque". Fue muy divertido caminar entre sonidos animales, trepar por las raíces y lianas y saltar evitando el barro. Al llegar a la cima pudimos ver los campos de té a los lejos y, no sin esfuerzo, nos dirigimos allí por un "sendero" de dudosa existencia.  Pero al llegar fue grandioso estar tan cerca, entrar en esas colinas verdes, pronto veríamos más.  Al volver no teníamos fuerzas para andar y echamos mano del dedo de Marina,  el cual rápidamente paró una camioneta que nos llevó de vuelta al pueblo.

Tras el merecido descanso,  comienza un nuevo día. Tomamos un buen desayuno para cargar pilas y nos acercamos a Brinchang para comenzar la ruta (la ruta n° 1). Después de un paseo por el mercadillo del pueblo tocaba no pensárselo mucho y tirar para arriba. Tres kilómetros de ascenso por un sendero que empezó recto,  siguió inclinado y acabó en pared, y en el cual terminamos escalando piedras y trepando por las lianas (Marina la primera, ahí lo lleváis). La bajada fue por la carretera de los cultivadores de té, en una de las imágenes más alucinantes de todo nuestro viaje,  flipante.  La  eterna campiña, verde y azul cielo durante cinco kilómetros inolvidables. 

Para rematar, dos paradas más: la factoría de fresas, en las que tú mismo las recoges para comerlas al momento, sólas, en zumo o batido; y una granja de mariposas en las que crían especies increíbles las cuáles revolotean por todas partes. Al final otro "autostop" de Marina nos dejó en casa antes de lo esperado.

Y hasta aquí las Cameron Highlands. Os dejamos unas fotitos para que os hagáis a una idea.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Langkawi, magnífica

Nuevo embarcadero, nuevo ferry y una isla de ensueño como destino, bueno realmente un archipiélago formado por 99 islas. En este caso, un barco más cómodo, con el aire acondicionado al estilo malasio (congelación) y hasta dos pelis serie B para soportar las 3 horas de viaje. Es difícil explicar cómo es la isla de Langkawi. Un paraíso duty free (al estar libres de impuestos), situado en el Océano Índico a la altura de la frontera entre Malasia y Tailandia. Ésto, junto a la oferta de ocio, cachondeo, playas y parajes naturales, hace que se haya convertido en uno de nuestros sitios preferidos entre lo que llevamos visto.

Tras dormir durante todo el trayecto (yo al menos y como siempre), atracamos en el puerto de Kuah. Nos esperaban dos días en la isla principal de las Langkawi, así que lo volvimos a tener claro a la hora de alquilar una moto. Esta vez 2 porque aunque aquí se estila eso de ir 3 o 4 en la misma, nosotros somos prudentes (y carne de cañón para los polis y luego contaré por qué).
En algo menos de media hora ya andábamos por Pantai Cenang, la playa con más ambiente. Nos alojamos en el Daddy, s Guesthouse, un hostal regentado por un rasta de muy buena onda y con muy buen precio. De ahí directos a la playa que pese a encantarnos según la pisamos resultó no ser nimucho menos la mejor de la isla.

La primera cerveza que tomamos nos demostró que lo de libre de impuestos es cierto, y es que tomar una lata a 50 céntimos es una maravilla. Y entre lata y lata planeamos nuestra ruta. Siete pozas, varias cascadas, un teleférico no apto para cardíacos, las playas del norte y un manglar eran nuestro plan. Y ya sabéis que siempre cumplimos lo que nos proponemos.
En las pozas, aparte de bañarnos y lanzarnos por un improvisado tobogán, nos cayó un buen chaparrón y volví a tocar suelo con el culo, sin daños aparentes (sólo en el orgullo).
A la mañana siguiente y un poco resacosos después de conocer la juerga de la isla, superé mi pánico a las alturas, y subimos al teleférico que nos llevó a alucinar con las mejores vistas de la isla.
Pero lo mejor estaba por venir. Tras un rato en moto nos acercamos a ver el manglar (no contratamos excursión por falta de tiempo y porque era caro), el cual merecía la pena. Seguimos la travesía y llegamos a la playa de Tanjung Rhu, la mejor que han visto nuetros ojos y casi desierta. Imposible de describir, magnífica como dice Jesús. Lástima no tener más tiempo para quedarnos, pero antes de anochecer queríamos acercarnos a una cascada cercana, donde aprocechamos para bañarnos y quitarnos la sal.
Sólo nos quedaba un rato en la mañana del siguiente día para ver la última y más grande de las cataratas de la isla, antes de devolver la moto y coger el ferry que nos llevaría de vuelta a Georgetown desde donde continuaríamos nuestro viaje. Somos muy aplicados y nos dió tiempo a eso, a ver la estatua de un enorme águila, emblema de la isla, y hasta a tarifar con unos policías que tenían intención de multarnos por toda la cara; pero más cara tenemos nosotros y conseguimos salvarnos.

Dos días, que podrían haberse convertido en 1 o 2 semanas, porque la isla ofrece todo lo que uno puede imaginar o más. Muy recomendable para visitar y con vuelos directos desde Kuala Lumpur por si alguien se anima.

Ahí van las fotos para que os hagáis a la idea. Besos.