jueves, 15 de octubre de 2015

Bienvenidos a la jungla: Sumatra

Vuelta a empezar con una nueva isla. Y no una cualquiera. Sumatra, la isla más grande de Indonesia, se extiende 2000 km a través del ecuador y está habitada por unos 50 millones de personas. Cubierta de selva tropical, los últimos años ha perdido gran parte de la misma a consecuencia de la tala ilegal de árboles, el aumento de la industria (aceite y miel de palma, petróleo y gas), la corrupción y los desastres metereológicos.
La religión predominante es la musulmana, aunque a diferencia de otras islas hemos encontrado bastantes cristianos, mayoritariamente dedicados al campo, a la pesca, y en menor medida al turismo, lo que hace que muy pocos de ellos hablen inglés, y la comunicación sea complicada.

El dia 12 de octubre cogimos un vuelo desde la capital hasta Padang, una localidad al este. La isla no nos dió una acogedora bienvenida, poniéndose a diluviar en el mismo momento en que pisamos tierra.
Pese a este mal inicio, pronto nos percatamos de lo diferente que era con respecto a lo visto hasta ahora. Sumatra simplemente es espectacular.
Llena de jungla, enormes volcanes y montañas, lagos formados sobre cráteres que erupcionaron en la época jurásica y una singular arquitectura...nos enfrentamos a la isla más sorprendente y difícil de recorrer. Su carretera principal Trans-Sumatra la cruza de norte a sur, dejando evidencia de su mal estado y lo tortuoso de su recorrido.

Tenemos 8 días para recorrerla y enfrente varios retos, entre los que está luchar contra la dureza del clima y los insectos, cruzar el ecuador andando, ver el lago Maninjau, las dos flores más grandes del mundo, descansar un par de días en la isla de Samosir dentro del lago Toba, hacer un pequeño trekking por la jungla y ver orangutanes en libertad...muchos planes y mucha ilusión, pero sobre todo, muchas ganas de empaparnos de su gente y de grabar cada segundo en nuestra mente.

Lo dicho, "welcome to the jungle"

Os dejamos alguna foto para que os hagaís a la idea de cómo es esto.

domingo, 11 de octubre de 2015

Metrópolis: Bandung y Yakarta

Cómo se nota que vivimos en Madrid. Todos los foros hablan de que la capital de Indonesia, Yakarta, y su vecina Bandung, eran urbes llenas de ruidos, tráfico, polución y gente...para nosotros ha sido un poco como volver a casa. Y aunque dicho así parezca que no tienen nada de atractivo, es mentira, porque toda gran ciudad tiene su encanto.

De Bandung poco podemos decir, salvo que la llaman el París de Java por ser el lugar donde grandes marcas realizan algunas de sus ropas.
Sólo hicimos una parada fugaz de un día (¡tras 9 horas de tren nocturno!), para visitar a Chencho, un español familia de mi tía que lleva en el país la friolera de 33 años, trabajando en la rama de la aeronaútica. Tras una magnífica comida y unas buenas indicaciones y consejos, paseamos por el centro de esa caótica ciudad y visitamos la famosa calle Asia-Afrika. Su mezquita con impresionantes vistas desde sus minaretes, el Alun Alun...pero no pudimos acercarnos a ningún outlet de ropa porque en cosa de 5 minutos cayó un buen chaparrón. No estuvo mal tener que echar a correr hasta el hostal porque en el camino nos encontramos con un vegetariano y fue de las mejores comidas desde que estamos aquí.

A la mañana siguiente nos tocó volver a cerrar mochilas y movernos. Y nos llevamos una buena sorpresa. Casi todo lo que habíamos leído de Yakarta era negativo y veníamos con un poco de pavor, pero quitando el asfixiante calor y la nube de polución, no nos ha parecido tan horrible. El área metropolitana de la capital de Indonesia abarca 28 km y en ella viven alrededor de 11 millones de personas, de ahí que a algunos les asuste.
Teníamos un día y medio para intentar conocerla, así que nos pusimos manos a la obra. Lo primero que teníamos que ver era el inmenso Monumento Nacional, un enorme obelisco de 132m copado por una llama y situado en la plaza más gigante que han visto nuestros ojos. Subir a lo alto nos permitió observar la grandiosidad de este lugar repleto de rascacielos, los cuáles contrastan con los barrios más humildes llenos de pequeñas casas y chabolas. Ahora sí, subir también nos costó 2 horazas de espera.
Muy cerquita visitamos el Museo Nacional donde conocimos un poco más de la historia y antropología de este hermoso país. También fuimos al barrio chino y, al ladito, el casco antiguo o Kota, aún con rasgos de su pasado holandés y pegado al puerto. Cómo no, aquí nunca pasamos desapercibidos y fuimos diana para todos los colegiales, menos mal que encontramos refugio en el famoso Café Batavia donde nos tomamos un cervezón a precio de oro amenizado por una banda que cantaba clásicos como el porompompero o guantanamera en "espanesio".
Comer fritanga, agua de coco y frutita en la calle, ver algún mercado o simplemente sentarnos a contemplar a la gente y sus costumbres. Aquí hemos encontrado hasta marcha nocturna (desde Bali no veíamos nada de eso), vamos que la capi tampoco está tan mal.

Mañana, cambio de isla, de rollo y casi de hemisferio, la jungla nos espera.
Por cierto, menuda metedura de pata no hacernos una foto con Chencho. Os dejamos otras tantas.

Vamos de paseo

Me pongo de pie (me pongo de pie), me vuelvo a sentar (me vuelvo a sentar)... ¡Ay Bali como se te extraña! Y es que desde que cogimos el ferry a Java nos ha tocado plantar el culo en el asiento durante bastantes horas. Pero vamos por partes, siendo sinceros el tema transporte público venía ya desde Bali, donde tuvimos que coger un "Bemo" para llegar al puerto destino Java. Tras una ardua negociación conseguimos arreglarlo para que un señor nos acercara allí por algo menos de la mitad de precio que nos pedían. A la mujer del tío no le gustó el acuerdo y al final, tras recibir una cariñosa superbronca de la parienta, tuvimos que cambiar de Bemo y subirnos con su colega, que no nos pidió más dinero pero si insinuó varias veces que le gustaban las Ray Ban de Marina. Y parecía tonto.
Lo gracioso de estas camionetas es que son una especie de transporte público con la diferencia de que no hay paradas sino que el conductor es el que busca a los pasajeros. Lo que hace que no sepas con qué tipo de individuos te vas a topar en tu trayecto: ancianos, mujeres con sus hijos, todo tipo de comerciantes o colegios enteros. Fue divertido...

Nosotros ya sabíamos que Java es una isla bastante larga, de unos 800 km, y también sabíamos que ibamos a chuparnos muchas horas de tren; pero una cosa es saber y otra hacer.
Tenéis que saber que hay tres categorías para viajar en tren: la ekonomi, la bisnis y la eksekutif (literalmente), con una diferencia entre ellas abismal en precio e imperceptible en comodidad. Por lo que os recomendamos si queréis venir algún día ir a lo barato, ¿por qué?, pues porque el bisnis también caga y en el precio extra que pagas no regalan mascarillas. Pero para ser justos al menos son asientos individuales, y esto parecería una tontería sino te hubiras tirado 9 horas inmóvil con una postura anatómicamente impecable (como una estaca) y con los rasgados ojos de dos señoras javanesas de avanzada edad clavados en tí, los cuales solo miraban para otro lado para eructar "con delicadeza".
Pues eso, han sido muchas horas de culo plano, miradas furtivas y soledad en la que me veía sumido al poco tiempo de subir por el fácil dormir de Marina. Eso sin contar con la inestimable puntualidad en el retraso de los trenes, suelen llegar tarde a la estación de salida e igual de tarde a la llegada, eso lo clavan.

Por último, y ya que viene al caso, decir cómo nos desplazamos dentro de la ciudad. Descartando ir a pie y gastarte una pasta en taxi, nos quedan los Angkok (los bemos de Java), los objek (gente que te lleva en su moto y los becaks motorizados o no (carros empujados por una bici o moto). A estos últimos los hemos bautizado como taxi-persona. Nosotros optábamos por la modalidad motorizada porque en la otra los trayectos nos parecían una angustiosa manera de inducirle al chófer a un tabardillo.

Os dejamos una fotos y dejamos pendiente probar los autobuses de Sumatra.., ¡qué ganas!

Ah y soy Miguel

viernes, 9 de octubre de 2015

Yogyakarta

Llevamos unos días sin escribir porque queríamos resumiros en un único post nuestra experiencia de estos últimos días en la ciudad famosa por su riqueza cultural y artística, y capital de Java Central: Yogyakarta.
Para llegar tuvimos que realizar un largo camino de 8 horas en tren, junto a otras dos parejas de franceses, una de las cuales siguió con nosotros unos días más la locura de este ruidoso y ajetreado lugar.
Eran las 20:00 cuando los cuatro salíamos de la estación y una bofetada de realidad cosmopolita nos golpeó de inmediato. Llevábamos mucho tiempo en ciudades pequeñas. Nos dirijimos a la calle Marlioboro, centro neurálgico de la ciudad donde nos bombardearon con ofertas de alojamiento un tanto desorbitadas, por lo que decidimos alejarnos a una zona más tranquila. Allí encontramos un estupendo hotel con piscina incluida en el precio.
Ya alojados y tranquilos, abrimos la guía para armar nuestro recorrido y de nevo tuvimos una cosa clara, necesitábamos una moto, porque sitios imprescindibles en Yogyakarta hay dos: el templo budista de Borobudur y el hinduista Prambanan, que no están precisamente en la ciudad.

Al día siguiente, tras conseguir una buena lavandería y una moto, preguntando por ahí, optamos por empezar por el templo hinduista. El Prambanan es un majestuoso conjunto de 50 templos que resultaron algo afectados por un terremoto en el 2006 y que todavía permanece en tareas de reconstrucción. Es curioso que el único templo que parece no haber sido destrozado es el de Shiva, el Destructor. Aún así, las vistas, el tallado de la piedra y sus fabulosas puestas de sol, hacen que sea una visita imprescindible en Java. La pega, ¡que caloooooor!
El otro templo, el Borobudur, situado en el pueblo del mismo nombre y algo más retirado de la ciudad, fue concebido como una visión budista terrestre del cosmos, que partía del mundo cotidiano y ascendía en espiral hasta el Nirvana, el Cielo budista. Al parecer, visto desde arriba parece un colosal mandala tántrico en tres dimensiones. Lo que más gracia nos hizo es que la gente de Indonesia que va a ver el Borobudur prefiere hacerse las fotos con occidentales. No veáis la que nos dió un grupo de colegiales (incluyendo los profesores). Después de tanta foto nos sentíamos famosos.

Además de esto, aprovechamos para conocer más la ciudad, su bullicioso centro, sus grafittis, sus mercados y sitios de interés: el Kratón, residencia del sultán, y su Taman Sari, complejo de canales y palacios construidos en el interior del Kratón, donde vimos un jardín que quería parecerse al de la Alhambra granaína. Para nuestro gusto poco cuidado y nada espectacular.
Como estamos cogiéndole gustillo, también nos aventuramos a ir a Kaliurang, estación de montaña donde encontrar hermosas vistas del Gunung Merapi, uno de los volcanes más impetuosos de Indonesia que erupcionó en 2010 por última vez. No tuvimos mucha suerte con las nubes, así que la vistas no fueron tan impresionantes como nos hubiera gustado, pero qué bueno el paseito por la montaña depués de tanta polución de la ciudad.

Pero no todo iban a ser visitas culturales. También hemos aprovechado el tiempo conociendo a nuestros colegas franceses Cécile y Johann, que resultaron muy majetes, tomando una Bintang, bañándonos en la piscina (menudo placer con el calor que hemos pasado), quemarnos un poquito (ya sabéis quién) y hasta cenando en un vegetariano...por cierto, ¡ya haremos una entrada dedicada a la comida!

Bueno os dejamos unas fotitos, como siempre del Prambanan, el Borobudur, de la ciudad y nuestros amigos. Ah! Cogemos una foto prestada del Merapi para que lo veais porque en las nuestras apenas se aprecia. Besos

martes, 6 de octubre de 2015

El amanecer del Bromo

Aún recomponiéndonos del chasco de no poder ascender al Kawa Ijen, nos pusimos manos a la obra con el siguiente destino: llegar al remoto pueblo de Cemoro Lawang para ver Gunung Bromo, el segundo volcán que nos encontramos en el camino.
La línea ferroviaria nos llevó a la sucia y ruidosa ciudad de Probolinggo donde, muy a nuestro pesar y al ser ya tarde, tuvimos que hacer noche en un hostal que dejaba mucho que desear. A pesar de todo, nuestro camino no fue tan desagradable, conocimos a un amable y simpatiquísimo indonesio (Raj) que nos amenizó el viaje de 5 horas y con el que nos divertimos mucho. Adora los españoles y le caímos muy bien así que ¡ya tenemos casa en Surabaya cuando queramos!, lástima que no estuviera en nuestros planes.

A la mañana siguiente, bien temprano, nos dirijimos en busca de la camioneta que nos llevara al puerto de montaña para poder maravillarnos con el Bromo. Una vez localizada, tuvimos que esperar 2 horas y media a que se llenara para poder subir, y es que si no, las furgonetas no salen o pretenden que pagues los pasajes vacíos. Esto junto con lo tortuoso de las carreteras e ir 17 personas hacinadas en el hueco de 15, hizo que no llegramos a nuestro destino hasta las 2 del mediodía.
Pero no nos podemos quejar porque gracias a esa espera, coincidimos con un grupo bastante heterogéneo y majete de mochileros locos como nosotros en busca de aventuras.

Nada más llegar hicimos piña y nos hospedamos todos en hostales vecinos. Decidimos hacer la ruta juntos y como todos eramos un poco piratillas y lo que buscabamos era sacar tiempo para poder hacer todo lo que nos proponemos en nuetros itinerarios, fichamos una ruta alterantiva para acceder al "Mar de Arena" que nos llevaría al cráter del volcán gratis (el precio nos pareció a todos desorbitado); y, lo conseguimos, pero a mitad de camino nos cogieron y nos tocó dar media vuelta después de unas cuantas risas.
Cuando estas tan lejos de tu casa y de tu gente, tú no eliges con quién te cruzas sino que el destino elige por tí, y es curioso lo fácil que es entablar una conversación y una amistad con gente que está en tu misma situación.

Al caer la noche retomamos nuestros planes de ascender al mirador enclavado en la montaña para poder observar el amanecer y las majestuosas vistas. Así que a las 3 de la mañana sonaron los despertadores y con frío y sueño nos tocó subir 3 o 4 km de camino empinado, menos complicado de lo que pensábamos, pero aún así peliagudo.
Y mereció la pena. ¿Cómo descrbir las vistas?. El cono humeante del Bromo es solo una de las tres cumbres que emergen del macizo de Tengger (una caldera de 10 km de anchura con empinadas laderas que se precipitan a un vasto mar de ceniza y arena); junto, un cono mayor, el de la montaña más grande de Java, el Gunung Semeru.

Os ponemos unas fotos para que veais qué maravilla, mientras viajamos en tren a la famosa Yogyakarta con algunos de nuestros colegas y con cierta penanpor habernos despedido del resto.
Una mención especia a Jose y Reyes, una pareja de españoles, con los que compartimos experiencias.

sábado, 3 de octubre de 2015

De Bali al volcán Kawah Ijen


Ya estamos en Java, y estos dos días hemos sentido que lo de Bali ha sido un paseo y que ahora sí que comienza la aventura.
Medio día de viaje, una camioneta, un ferry y un tren, nos distancian de las playas del norte de Bali. Aunque parece mucha distancia, estamos más cerca de lo que parece.
Tras llegar al puerto de Gilimanuk en una furgoneta destartalada que conseguimos a buen precio (nos estamos volviendo unos negociantes), tomamos el primer ferry camino a la inmensa isla de Java. El ferry nos dejaba lejos del pueblo donde pensabamos hospedarnos, así que decidimos coger un tren que pasaba ese momentos por allí y en 5 minutos nos acercó a Banjuwangi. Tuvimos mala pata y resultó que la estación quedaba más lejos del hotel de lo que pensabamos, por lo que nos tocó una caminata mochila a cuestas. Empezamos a notar cuán diferente era esta isla con respecto a nuestro anterior destino.

Ya en el hotel, contratamos la subida al volcán Kawa Ijen para esa misma madrugada con la intención de estar en la cima al amanecer para poder observar ese majestuoso mounstruo de lava azul y el lago que le acompaña de un color indescriptible por el azufre. Queríamos ver la salida del sol y si eramos valientes bajar a la caldera, con mascarillas especiales (sino es muy peligroso). Pero ese día la suerte no estuvo de nuestra parte y el lago estaba muy alto, con lo que la emisión de gases era muy nociva y cerraron el paso...así que a esperar al día siguiente.

Nos volvimos pensando que el próximo dia todo estaría arreglado, y no nos dimos cuenta que un volcán no es un museo o un estadio y que si el lago estaba alto era porque algo podía pasar. Hubo una erupción,  una pequeña pero que hacía extrenadamrnte peligroso subir a la cima y por lo cual lo han cerrado por una semana. Es una pena pero así tenemos motivo para volver.
Por lo menos hemos tenido un día descanso en el que dormir, lavar ropa y relacionarnos con otros mochileros en la misma situación y con la gente del lugar. Y al mal tiempo...¡buena cara!

Para que no os quedeis con las ganas os ponemos alguna foto del camino hasta aquí y como no del volcán (sacadas de internet claro).
Mañana destino al monte Bromo, a ver si hay más suerte con este volcán.

jueves, 1 de octubre de 2015

Norte y este de Bali

Escribimos un nuevo post que no sabemos cuando podremos publicar, aprovechando que estamos montados en una bemo (furgoneta-bus) camino al puerto de Gilimanuk, con intención de llegar a la isla de Java y continuar nuestro camino. Ya hablaremos de estos transportes en otro momento.
En este caso queríamos contaros nuestros últimos días en el este y norte de la isla.

Como aún teníamos moto, llegar al este de la isla no nos supuso mucho problema,aunque sí cierto dolor de culo. En nuestro camino nos cruzamos con el lago y el monte Batur donde coincidimos con una pareja de españoles y donde pudimos observar otra maravilla más de esta isla. No muy lejos de allí, aunque en Bali las distancias son muy relativas, pudimos acercarnos a ver las playas del este. Nuestros colegas nos recomendaron ir a Tulamben, famoso por tener un barco hundido y ser un sitio genial para bucear y hacer snorkel; pero el tiempo no acompañó, aún así, pudimos aprovechar para ver la cercana playa de Candidasa y Lebih. Playas de arena negra, poco turísticas, que nos reflejaron todavía más el auténtico Bali.

Antes de subir al norte, no podíamos dejar pasar la opotunidad de hacer una ruta de senderismo por el arrozal más majestuoso de la isla: Jatiluwih. Inmensos campos llenos de arroz, té y multitud de plantaciones más, donde también pudimos observar el duro trabajo de los agricultores.
Cansados de tantas visitas, negociamos un transporte, y por fín subimos a relajarnos a Lovina, un pueblo costero camino de nuestro trayeto hacia Java. Esta tranquila playa de arena oscura ofrece, además de paz, la oportunidad de ir a mar abierto a ver los delfines. Me quedé con las ganas, pero no teniamos mucho tiempo y elegimos pasar el día disfrutando en la playa.

Por cierto gracias,gracias, gracias a los pucelanos que nos apuntaron una aplicación de gps offline que nos está sirviendo un montón. ¡Ya no nos perdemos! Ah!y no me olvido del mercadillo (finalmente fuimos, por supuesto) ya haré una entrada más adelante del tema.

Sin más, os dejamos unas fotitos del lago Batur, de la playa de Lebih, de la ruta por Jatiluwih y de la playa de Lovina. En la próxima entrada, cruzamos el estrecho y visitamos el volcán Kawa Ijen.